#6meses de Libia
NEWSLETTER. Evolución positiva del proceso de reconciliación, crecimiento económico, acuerdos prometedores entre administraciones paralelas.
- Avances importantes en la Hoja de ruta política impulsada por la ONU, con acuerdos entre las administraciones paralelas para la renovación institucional y reuniones del Diálogo Estructurado. Sin embargo, actores internos y externos protagonizan otras iniciativas que podrían entorpecen el proceso.
- EE.UU. busca retomar el protagonismo en la resolución del conflicto, promoviendo la reunificación política y militar mediante el acuerdo de las familias dirigentes. Rusia y Turquía mantienen su presencia y estrategia de diálogo con ambas administraciones.
- El conflicto en el golfo Pérsico no ha causado por el momento efectos considerables en el país, que se beneficia de su calidad de exportador de hidrocarburos. Sin embargo, una crisis prolongada podría causar desabastecimiento de combustible e inflación generalizada.
Qué ha pasado.
En el plano interno, la actualidad política siguió marcada por el proceso de reconciliación entre las instituciones paralelas del Este y el Oeste a través de la 'hoja de ruta' impulsada por la ONU. En este sentido, la Representante Especial y Jefa de UNSMIL, Hanna Tetteh, puede congratularse de ciertos avances en la iniciativa durante el semestre, como los -no fáciles- acuerdos entre la Cámara de Representantes (Tobruk) y el Alto Consejo de Estado (Trípoli) para renovar la Comisión Electoral (parte de la primera pata), o la celebración de reuniones en los cuatro tracks (Governanza, Económico, Reconciliación, Seguridad) del Diálogo Estructurado (tercera pata de su plan) en el que participarán unos 120 libios. Los pasos hacia adelante han venido acompañados de ciertos retrasos y resistencias criticados públicamente por la alta funcionaria onusiana, ante lo que las partes -especialmente la administración del Este- denunciaron las injerencias en su soberanía y rechazaron la intromisión de terceros estados (como el caso de Qatar por su supuesta financiación de parte del proceso). En cualquier caso, el plan de Tetteh parece contar con el respaldo de la mayoría de actores involucrados, no solo en el ámbito internacional -Consejo de Seguridad, Grupo de Berlín, Turquía, Egipto, UE, EE.UU.- sino también de los propios ciudadanos libios, que manifestaron nuevamente su intención de avanzar por la senda democrática participando en las elecciones municipales en veinticinco municipios. En este sentido, mientras por un lado los sondeos muestran el apoyo a unas futuras elecciones siempre que haya un acuerdo institucional previo, también se han producido algunas protestas que pedían la dimisión en bloque de todas las autoridades de Este y Oeste.
Lo cierto es que, en paralelo al proceso guiado por la ONU, se han sucedido otras iniciativas de las que podría dudarse si buscan favorecer la reconciliación o más bien la entorpecen. Desde el Este, el mariscal Haftar ha instado varias veces a conseguir una solución guiada por los propios libios, "más allá de agendas externas", e incluso les apeló en noviembre -en un encuentro con tribus del sur- a levantarse pacíficamente para "decidir su propio destino". En el Oeste tampoco se quiere perder el control del proceso y se siguen superponiendo estructuras políticas: en noviembre se creaba el 'Consejo Supremo de Presidencias', destinado a coordinar las comunicaciones y estrategias del Consejo Presidencial, el Gobierno de Unidad Nacional y el Alto Consejo de Estado. En enero, el Consejo Presidencial de Al-Menfi adoptaba la 'Carta Nacional de Reconciliación' como conjunto de principios a implementar por un nuevo 'Alto Consejo para la Paz y la Reconciliación' y, más recientemente, el propio Al-Menfi llamaba a retomar el diálogo tripartito iniciado en el Cairo en marzo de 2024 bajo los auspicios de la Liga Árabe. Además, en febrero se lanzaba el 'Reagrupamiento Nacional Libio' como movimiento ciudadano y tribal con presencia del primer ministro Dbeibah.
También se habrían retomado en enero los contactos entre ambas familias dirigentes de Este y Oeste, con un nuevo encuentro Haftar-Dbeibah en París bajo impulso francés y estadounidense, y parece que existen planes para llevar a cabo otro en Washington próximamente bajo auspicios del enviado de Trump, Massad Boulos. Este habría manifestado recientemente su intención de impulsar un gobierno unificado, en el que Abdelhamid Dbeibah mantendría la jefatura de Gobierno mientras la presidencia del Consejo Presidencial se atribuiría a Saddam Haftar (hijo del mariscal).
La inestabilidad política continúa acompañada de perturbaciones en el terreno de la seguridad. El Gobierno de Trípoli sigue enfrentándose a los choques contra y entre milicias, con varios episodios de violencia en la propia capital así como en Misrata y Al Zawiya. En noviembre, el ministro del Interior Al-Trabelsi desvelaba su Estrategia Integral de Seguridad, con el reconocido objetivo de plantar cara al crimen en la capital y sus alrededores a través de una coordinación reforzada de las distintas agencias y cuerpos policiales. En el Este, el mariscal Haftar se dedicó a fortalecer su Ejército Nacional Libio mediante el establecimiento de una fuerza fronteriza conjunta con Chad y la integración del batallón salafista Subul Al Salam entre sus filas regulares, así como el fortalecimiento de sus relaciones con Pakistán y Turquía.
Además, fue en territorio bajo control de la administración del Este donde se produjo en febrero el aparente asesinato de uno de los hijos del dictador Gadafi, Saif Al-Islam. Pese a su aparente retiro, éste seguía contando con miles de seguidores y podría haber constituido un firme candidato en unas futuras elecciones presidenciales (no en vano, ya lo fue en las no celebradas de 2021). Las fuerzas de Haftar impidieron su entierro en Sirte, por lo que finalmente fue enterrado en Bani Walid (al sur de Trípoli, bajo control del GUN). Aunque la fiscalía libia ordenó la detención de tres sospechosos, por el momento no ha trascendido nada sobre la motivación o el posible respaldo de los investigados.
En el plano exterior, EE.UU. sigue buscando protagonismo en la resolución del conflicto y mantiene sus esfuerzos para impulsar una salida a la división política del país. El jefe adjunto del Africom, en octubre, y más tarde su propio Comandante, se reunían sucesivamente con ambas administraciones y anunciaban la celebración de los ejercicios Flintlock con fuerzas armadas del Este y el Oeste en un firme impulso por la reunificación de los ejércitos. Otros actores clave siguen siendo Rusia y Turquía, las cuales, pese a apostar principalmente por bandos opuestos, continuan diversificando su estrategia mediante progresivos acercamientos a ambas administraciones. Moscú denunció además cómo uno de los buques gaseros de su "flota fantasma", el Arctic Metagaz, sufría frente a las costas libias un supuesto ataque ucraniano que produjo su semi-hundimiento y que continúa poniendo en peligro la navegación en la zona debido a la emisión del GNL que portaba.
En el terreno económico, el país experimentó en 2025 un espectacular crecimiento cercano al 15% gracias, sobre todo, a una excelente producción de crudo que alcanzó los 501 millones de barriles. Además, se ha puesto énfasis en la construcción y renovación de infraestructuras, como la ampliación del aeropuerto de Sebha o el puerto franco de Misrata, y la Compañía Nacional de Petróleo (NOC) buscó atraer a más empresas internacionales a través de una nueva ronda de licitaciones de exploración (la primera desde 2007), siendo una de las concesionarias la española Repsol en consorcio con empresas turcas.
Qué esperar.
En los próximos meses asistiremos a una serie de avances clave que pueden determinar el éxito o fracaso de la Hoja de ruta que busca poner fin al conflicto libio. Lo cierto es que la iniciativa onusiana sí parece estar experimentando una evolución positiva, sobre todo gracias al respaldo internacional y a la voluntad democrática y de reunificación por parte de la ciudadanía libia. Será clave para dicho éxito el papel de EE.UU., aunque está por ver si la Casa Blanca quiere apoyar sinceramente el proceso de reconciliación de Tetteh o simplemente terminar el enfrentamiento por motivos puramente económicos, dentro de esa diplomacia transaccional impulsada por Washington en África. El plan de Massad Boulos de imponer un gobierno único mixto, liderado por las familias Dbeibah y Haftar, no tiene pocas oposiciones internas y externas y podría entorpecer el cumplimiento de los plazos marcados por Tetteh. Además, el proceso deberá hacer frente a las informaciones sobre la supuesta exportación ilegal de crudo revelada en las últimas semanas por un informe filtrado del Panel de Expertos nombrados por el Consejo de Seguridad. Este organismo de la ONU acaba de aprobar la Resolución 2819, redactada por Reino Unido, en la que además de expresar su preocupación por la "creciente influencia de los grupos armados" y el "alto riesgo de terrorismo" y prorrogar la misión del Panel de Expertos, condena la exportación ilícita de petróleo como una "amenaza para la paz, la seguridad y la estabilidad de Libia" e insta a proteger el monopolio de la NOC y el Banco Exterior de Libia sobre dichas operaciones.
Igualmente importantes para el futuro del proceso de reunificación serán los pasos que se den en materia económica y militar. Por un lado, el acuerdo adoptado en los últimos días entre la Cámara de Representantes y el Alto Consejo de Estado para elaborar un presupuesto unificado representa un avance muy esperanzador y, de momento, ha sido alabado por todas las instituciones, aunque habrá que monitorizar cómo se implementa en la práctica en un contexto de profundos intereses económicos por parte de los diversos actores políticos. Por otro lado, la reunificación de ambos ejércitos y la definitiva securización frente a la violencia de las milicias son objetivos extremadamente complejos pero esenciales para un eventual gobierno unificado. Podremos observar si la participación de efectivos de ambas administraciones en los ejercicios Flintlock de EE.UU. constituye ese ansiado primer paso para la integración de las fuerzas armadas.
Por último, habrá que medir el impacto sobre el país de la actual crisis en el golfo Pérsico. En un plano estrictamente económico parece que, como país productor de gas y petróleo, Libia podría incluso beneficiarse a corto plazo del bloqueo del estrecho de Ormuz debido a la subida de los precios globales. Sin embargo, una prolongación excesiva del conflicto podría afectar a su capacidad de satisfacer el consumo interno, además de provocar una acusada inflación generalizada que impacte sobre la estabilidad social y política. Por otro lado, un eventual mal arreglo por parte de la administración Trump con Irán podría llevar al magnate a intentar conseguir una victoria diplomática fuera de la región, precipitando un acuerdo acelerado de reunificación en Libia con el fin de recuperar su reputación de dealbreaker internacional y poder vender a su ciudadanía un acceso privilegiado a los hidrocarburos libios por parte de compañías estadounidenses.
- Fragmentación del poder. Pese a los prometedores acuerdos y el acercamiento alcanzado en el marco de la Hoja de ruta, persiste una fuerte división entre las administraciones paralelas y queda aún un largo camino para completar la reunificación política.
- Solapamiento de competencias. La superposición de estructuras e instituciones administrativas puede complejizar aún más la toma de decisiones sobre el proceso político.
- Violencia. Pese a la política decidida del Gobierno de Trípoli de acabar con las milicias y la criminalidad, continua subyaciendo un clima de enfrentamiento susceptible de generar ataques y choques violentos en cualquier momento. Los extranjeros no son necesariamente objetivos diectos pero pueden verse afectados de forma colateral.
- Búsqueda activa de socios externos. Entre las oportunidades, el país viene demostrando una fuerte tendencia a promover la participación extranjera en las licitaciones de hidrocarburos y para la construcción de infraestructuras.