#6meses de Túnez

NEWSLETTER. Movilizaciones crecientes frente a las nuevas condenas a opositores; cautela ante el conflicto en Oriente Medio.

#6meses de Túnez
Monumento a la Independencia (Túnez). Imagen de Brahim Guedich / Unsplash
RESUMEN EJECUTIVO (LO QUE DEBE SABER TU JEFE EN 15 SEGUNDOS)
  • Continúa la fuerte represión de opositores con las sentencias de apelación en las macrocausas del "complot contra la seguridad del Estado" (hasta 45 años). Pese al clima de persecución, se han multiplicado las manifestaciones por motivos económicos y políticos, a las que se suman las acaloradas protestas por intoxicaciones ambientales en la ciudad sureña de Gabès.
  • En el exterior, el país profundiza sus relaciones con sus socios habituales: Argelia, Italia, Rusia. La UE mantiene una posición ambivalente: condena la represión y la ausencia de libertades, mientras declara el país como "seguro" a efectos de control de la migración.
  • El grave conflicto en Oriente Medio puede tener un gran impacto sobre la delicada economía tunecina, produciendo un aumento fuerte de la inflación y agravando la situación de los hogares. El malestar podría desencadenar nuevas protestas multitudinarias si los distintos actores de la oposición consiguen aunar sus posiciones.

Qué ha pasado.

En el plano exterior, Túnez mantuvo su política de alejamiento progresivo con respecto a Occidente y de profundización de sus relaciones con los que se han convertido en sus partners habituales.

En primer lugar, las relaciones con Argelia son cada vez más estrechas gracias a la especial sintonía entre sus dos presidentes, produciéndose la firma de acuerdos en los ámbitos militar y de cooperación económica, incluyendo el estudio de un próximo acuerdo de libre comercio. No en vano, la fuerte vinculación entre ambos países generó acusaciones sobre la excesiva dependencia política con respecto a Argel, con la que se alinea generalmente en política exterior y especialmente en lo que respecta a la cuestión palestina. A comienzos de semestre, el país hacía gala de su posición firme frente a Israel, como demostró mediante la airada reacción a los ataques a la "flotilla Sumud" mientras ésta atracaba temporalmente en la capital (después de haberlos negado en un principio). Igualmente, en la Cumbre de Doha posterior a los ataques israelíes de septiembre, llamó a la solidaridad islámica y reclamó la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU. Y en octubre, pese a la previa paralización por la presidencia, algunos diputados instaron a acelerar el proyecto de ley que criminalizaría cualquier intento de normalización de relaciones con "la entidad sionista".

Sin embargo, la actual guerra en el golfo Pérsico ha provocado que Túnez modere su respaldo público al régimen de los ayatolás, con quien mantenía excelentes relaciones. Así, durante los ataques al programa nuclear del pasado junio sí denunció la "agresión sionista" y más tarde, en noviembre, el ministro de Asuntos Exteriores iraní visitó Túnez por invitación del ministro Nafti. En cambio, el comunicado emitido en los últimos días se cuida mucho de defender a Irán, limitándose a apoyar a los países árabes y llamando a la desescalada, en lo que puede valorarse como un intento de no ser percibido como un país problemático por EE.UU.

Con Rusia también mantiene, como el resto de países del Magreb, unas relaciones estrechas que no han cambiado pese a la invasión de Ucrania y las sanciones internacionales. De hecho, el ministro Nafti llamaba en diciembre a consolidar "un partenariado Rusia-África duradero y global" durante la reunión continental anual con Moscú.

Las relaciones con la UE continúan siendo ambivalentes. Por un lado, Italia sigue siendo un socio privilegiado, dado el especial interés de la primera ministra Meloni en potenciar las relaciones con su cercano vecino (ensalzadas por Nafti durante la cumbre Italia-África) a través de proyectos como 'Elmed' (el programa de interconexión eléctrica submarina previsto para 2028 con el que Roma busca dar salida a su superávit de electricidad verde, a la vez que integra a Túnez en el mercado energético euro-mediterráneo) y en el contexto de su 'Plan Mattei'. En cambio, con el club comunitario las relaciones son complejas: el presidente Saïed reprimendaba en noviembre al embajador de la UE por "no respetar las reglas del trabajo diplomático" (por reunirse con la UGTT), y más tarde denunciaba la "injerencia flagrante" del Parlamento Europeo cuando éste llamó a la liberación inmediata de todos los detenidos por el mero ejercicio de la libertad de expresión. Mientras tanto, de forma paradójica, el Consejo de la UE declaraba a Túnez "país seguro" a efectos migratorios, es decir, supuesto garante de un nivel suficiente de protección de los derechos fundamentales, en un reconocimiento con el que externaliza en dicho país la gestión de las demandas de asilo en el marco del nuevo Pacto para la Migración.

En el plano interno, la escena política sigue caracterizada por la grave persecución de los opositores, aunque comienza a apreciarse un creciente grado de movilización social con respecto al semestre anterior.

El ambiente represivo posibilitado por el famoso decreto 54 llegó hasta el extremo de la condena a muerte a un hombre por criticar al presidente a través de Facebook -si bien el propio Saïed lo indultó poco después-. Durante este semestre, se emitieron las sentencias en apelación de varios procesos importantes, incluidos el del "complot contra la seguridad del Estado" -con condenas de hasta cuarenta y cinco años de prisión para algunos de los treinta y siete encausados (algunos protagonizaron previas huelgas de hambre)- o el denominado "complot 2" -en el que el islamista Ghannouchi vio aumentada su condena a veinte años (lo que hace un total de cuarenta en sus distintas causas)-. Otras condenas graves fueron las de la dirigente del Partido Desturiano Libre, Abir Moussi, a doce años (que acumula a otras previas), o la del ministro Larayedh, a veinticuatro años por su papel en el envío de yihadistas a Siria. La persecución de los críticos es implacable y afecta incluso a antiguos partidarios del presidente como el diputado Ahmed Saïdani, condenado a ocho meses por unas declaraciones consideradas ofensivas sobre el mandatario en el contexto de las inundaciones sufridas por el país en febrero. Afortunadamente, otros como los abogados Ahmed Souab o Sonia Dahmani han podido recobrar su libertad tras ser excarcelados por el régimen.

Pese al duro golpe en los tribunales, lo cierto es que las sentencias no han servido para aplacar totalmente a la oposición sino que, muy al contrario, comienza a apreciarse cierto incremento de las movilizaciones sociales de distinta índole. A las protestas convocadas por los familiares los días de publicación de las sentencias y las sucesivas huelgas de distintos gremios -periodistas, médicos, transporte-, se sumaron desde finales de noviembre las manifestaciones de varios miles de personas que se reunieron cada sábado para protestar contra la represión gubernativa, utilizando distintos eslóganes como "la oposición no es un crimen" o "rompamos las cadenas". Por su parte, el sindicato UGTT anunció una huelga general para el 21 de enero; sin embargo, la dimisión de su secretario general -aunque después se desdijo- y las divisiones internas llevaron a la anulación de la convocatoria.

A las movilizaciones por la defensa de los derechos políticos, se sumaron las importantes protestas que tuvieron lugar en la ciudad sureña de Gabès, donde cientos de intoxicaciones por inhalación de los gases tóxicos emitidos por la industria local de fosfatos provocaron la indignación y movilización de varios miles de personas durante varias semanas. Pese a las promesas de reforma por parte del gobierno, que incluso convocó a expertos chinos responsables de la factoría, las emisiones continúan y más de cien personas fueron detenidas entre los manifestantes, que no solo protestan por los problemas de salud pública, sino porque las plantas químicas han arruinado la actividad agrícola y pesquera de la región.

En el aspecto económico, pese al frágil equilibrio que atraviesa el país, el gobierno puede presumir de algunas cifras bastante positivas a final de año, especialmente en lo que respecta a las remesas (unos 2,4 mil millones de euros, 7% más que en 2024), el turismo (2,3 mil millones de euros, también +7%) o la moderada recuperación de la inversión extranjera (945 millones de dólares). Impulsado por estas cifras y por el empuje del sector agrícola-olivarero, el país logró un crecimiento del 2,5%, lo que supone un ascenso respecto al 1,4% de 2024, según cifras oficiales del INS. En la otra parte de la balanza, la inflación se mantiene relativamente elevada (aunque descendió del 7 al 6,2%) y la deuda pública se mantuvo en torno al 80%, afectada por el fuerte endeudamiento interior.

Qué esperar.

El horizonte para los próximos seis meses dependerá en gran medida de los actuales acontecimientos en el golfo Pérsico. Tras el cauteloso comunicado emitido en los primeros instantes del conflicto, veremos si, como Argelia, Túnez varía su posicionamiento de los últimos años para no convertirse en el "mal alumno" del Magreb. A la vista de la aparente ausencia de reacción por parte de Rusia y China a los ataques en Irán, probablemente haya cierto viraje en su política hacia Occidente y se produzcan ligeros acercamientos a EE.UU., sobre todo si el conflicto se cierra rápidamente a favor de Washington. Por supuesto, su acogida dentro de la agenda de Trump dependerá de si las propuestas de Túnez se amoldan o no a la diplomacia transaccional impulsada por el magnate.

Económicamente, puede sufrir bastante si el conflicto se prolonga, al no tratarse de un país rentista como Argelia y depender enormemente de los hidrocarburos del exterior. Una subida considerable de los precios internacionales de la energía puede afectar a una evolución económica tunecina frágil y relanzar de nuevo la inflación combatida durante años, agravando la situación de los hogares.

En ese caso, podríamos asistir a un incremento de la inestabilidad social, con reivindicaciones populares que se sumen a los agravios subyacentes (políticos y de libertades, medioambientales) y reproduzcan las movilizaciones de los últimos meses. Dos factores pueden influir en la eventual explosión de una reacción social masiva: por un lado, la capacidad de la UGTT de superar sus crisis internas y convocar finalmente una huelga general que aglutine a los sectores descontentos. Por otro, el surgimiento de nuevos colectivos sociales: aunque no parece que los partidos políticos posean hoy empuje suficiente y pese a la fuerte presión impuesta por el gobierno a las asociaciones (más de 40 han sido suspendidas), siguen apareciendo nuevas iniciativas (como la coordinadora de las familias de represaliados) que buscan mantener el pulso en las calles.

El presidente Saïed, mientras tanto, continua manifestando públicamente su obsesión por la "conspiración internacional" y tacha genéricamente a los encausados políticos de "traidores". Pese a ello, no parece que vaya a recibir presión alguna desde el exterior, en un momento en que la UE se encuentra distraída por otros asuntos y por su propia discusión interna y más preocupada por seguir conteniendo la migración desde y en el Magreb.

la perspectiva ibérica - RIESGOS POLITICOS Y OPORTUNIDADES
  • Liderazgo personalista. El país continua dirigido por un régimen autoritario y fuertemente personalista liderado por Kais Saïed. Cualquier iniciativa extranjera en el país puede verse afectada por el temperamento del líder y sufrir la acusación de "injerencia" externa si no se alinea con las prioridades del gobierno.
  • Protesta social. Aunque es pronto para vaticinar una expansión sustancial de las movilizaciones, existe la posibilidad de que los sectores descontentos se pongan de acuerdo y ello permita la creación de una oposición con capacidad real de desestabilizar al régimen e incluso desembocar en protestas generalizadas y revueltas en las calles.
  • Crisis bilaterales. La actual relación ambivalente de la UE con el gobierno tunecino, enfocada en retener la inmigración en el continente, implica menor esfuerzo por multiplicar los intercambios y fomentar la inversión en el país. En un plano económico, esto puede traducirse en una tendencia a favorecer a sus socios habituales en detrimento de cualquier iniciativa de origen europeo (con excepción de Italia).