El riesgo reputacional, grave derivada de la crisis de Ceuta

BREVE. El tratamiento beligerante de la grave crisis migratoria y la retórica belicista empleada en los medios nacionales pueden perjudicar a las empresas españolas y afectar al comercio bilateral.

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El riesgo reputacional, grave derivada de la crisis de Ceuta
Photo by Bank Phrom / Unsplash
RESUMEN EJECUTIVO
  • La crisis de Ceuta ha generado en España un tratamiento mediático en el que se emplea mayoritariamente una narrativa de enfrentamiento prebélico y se califica a Marruecos bajo una retórica de hostilidad y enemistad.
  • El episodio de migración masiva ha recibido en Marruecos muchísima menor atención por parte de los medios. La cobertura ha pasado superficialmente por la cuestión de los miles de migrantes y se concentra en las reivindicaciones soberanistas sobre las ciudades autónomas españolas.
  • Pese a no existir un enfrentamiento abierto entre los respectivos gobiernos, que ensalzan su excelente colaboración, se estaría extendiendo entre la ciudadanía española una creciente animadversión hacia Marruecos, ya sea espontánea o influida por la narrativa empleada en medios y redes sociales, que constituye un importante riesgo reputacional para las empresas españolas con intereses en el país vecino.

Independientemente de lo acertado o no de los análisis que en los últimos días se difunden a través de los mass media nacionales y redes sociales en relación con las causas de la crisis migratoria y las verdaderas intenciones de Marruecos sobre Ceuta -y Melilla-, lo cierto es que la llegada masiva de personas a la primera ciudad autónoma española en los últimos días de julio ha ocasionado un tratamiento mediático que emplea narrativas susceptibles de perjudicar gravemente las relaciones bilaterales y, consiguientemente, los negocios de nuestras empresas con el país vecino.

La imagen de Marruecos, fuertemente deteriorada

Marruecos sufre un impacto reputacional muy grave por este episodio, en primer lugar a nivel internacional. Aunque las capitales de la UE fueron bastante cautas en no dirigir su dedo hacia Rabat e inicialmente sólo reprocharon a España no ser capaz de proteger la frontera, lo cierto es que el movimiento no ha gustado en Europa y consolida la opinión de que Marruecos emplea la baza migratoria para obtener sus intereses. Se ha transmitido una imagen de absoluto descontrol policial y fronterizo por parte de un país que busca organizar eventos internacionales, presume de servicios de inteligencia y aspira a ser elegido como “país seguro”, es decir, subcontratado por la UE para contener los flujos migratorios a cambio de ingentes cantidades de dinero. Y, sobre todo, en un momento en que muchos países europeos se ven atraídos por Argelia, con la que vienen profundizando su relación por motivos energéticos y comerciales.

En segundo lugar, el episodio saca a relucir un motivo de profunda vergüenza nacional: el hecho de que ochenta mil marroquíes manifiesten al mundo su voluntad de salir a toda costa de su país para optar a una vida mejor contrasta con la narrativa oficial sobre el desarrollo del reino y con la deslumbrante imagen que se pretendía transmitir al exterior a través de una política de faraónicos estadios e infraestructuras. Es quizás, por este motivo, por el que el incidente estaría recibiendo en Marruecos una atención mediática infinitamente inferior a la que protagoniza día a día en España y, precisamente, lo que haría que el análisis al respecto se haya limitado y reconducido en ciertos medios marroquíes hacia unas reivindicaciones soberanistas sobre Ceuta y Melilla trasnochadas y que nunca han estado en la agenda (oficial) de Rabat.

En España, pese a la firme defensa que se hace desde el Gobierno a las "excelentes" relaciones con Rabat, el principal impacto reputacional que sufre Marruecos se produce a nivel mediático y de ciudadanía. Los medios españoles, casi en su totalidad, descartan la tesis de las mafias esgrimida por Moncloa y han asumido la teoría de la organización activa de la "invasión" por parte de Marruecos o, cuanto menos, la inserción del episodio en una maniobra pasiva de "guerra híbrida" contra nuestro país. Incluso medios tradicionalmente orientados a la izquierda emplean en términos generales una narrativa belicista y enmarcan la relación con el vecino en un escenario de enemistad. Así, las principales cabeceras y medios audiovisuales del país llenan sus artículos y espacios de opinión con comparativas entre los respectivos ejércitos, análisis sobre las condiciones para la movilización de reservistas o acerca de la supuesta presencia hostil de espías marroquíes sobre territorio español.

Esa narrativa generalizada se ha trasladado igualmente a la ciudadanía, que ahonda su consideración de los migrantes magrebíes como "invasores" y de Marruecos como país hostil. No en vano, La Razón publicaba en los primeros días una encuesta -ciertamente sobre una reducida muestra de tan sólo 1.000 participantes vía telefónica- según la cual el 77,3% de los encuestados consideraría que "Marruecos se comporta como un enemigo" -porcentaje que asciende a casi el 100% entre los votantes de derecha- y el 75% creerían que "Marruecos se atreverá a repetir esta maniobra de invasión". La opinión negativa habría ido aparentemente -con las salvedades de encuestas limitadas- en ascenso, pues hace cuatro días, el diario El Mundo rotulaba "El 90% ve a Marruecos detrás de la invasión de Ceuta". Además, el Observatorio del Racismo y la Xenofobia del Ministerio de Inclusión habría detectado un fuerte incremento en los mensajes de odio en redes sociales en los días posteriores a la llegada masiva, mayoritariamente dirigidos hacia los inmigrantes procedentes del norte de África.

El impacto sobre el negocio

La generalización de la visión de Marruecos como enemigo, potencial atacante, violador de nuestra soberanía o, cuanto menos, chantajista e irresponsable con su migración, representa un riesgo reputacional creciente para las empresas u organizaciones españolas con presencia e intereses en el país vecino.

La continua difusión de noticias utilizando esa narrativa de confrontación y presentando a Marruecos como autor de un ataque híbrido -o de un episodio que afecta gravemente a la seguridad de la población ceutí- tiene un evidente efecto psicológico que altera la percepción de Marruecos por parte del ciudadano español, que cada vez más lo considerará un país no fiable, inseguro e incluso hostil hacia España, repercutiendo así probablemente en sus decisiones económicas -qué productos adquiere, dónde viaja, a quién contrata, etc.-.

No en vano, un fragmento de la opinión pública -el más radicalizado- podría percibir la actividad de la empresa española en Marruecos como una colaboración con un país hostil e impulsar el boicot a sus productos o servicios. En efecto, de la misma manera que los productos agrarios de origen marroquí fueron objeto de críticas durante las "protestas de los tractores" del pasado año, ya se pueden identificar en redes las primeras llamadas a no comprar a empresas españolas que comercialicen bienes de origen marroquí.

En el país vecino, la creciente narrativa nacionalista-soberanista empleada por algunos medios de comunicación y opinadores, tendente a presentar a España como un estado ocupante que mantiene en África enclaves coloniales que debería devolver a Marruecos, también tiene la capacidad -aunque en su caso ha ocupado un espacio mediático infinitamente inferior- de afectar al comportamiento de un fragmento de la ciudadanía marroquí, que puede comenzar a boicotear todo lo español y desviarse hacia otras alternativas internacionales.

Aunque deberemos observar cómo avanza en los próximos meses la crisis en Ceuta y cuál será el comportamiento de España y Marruecos, lo cierto es que el mensaje trasladado por los medios españoles a la ciudadanía puede alterar ya su comportamiento económico y mutar su percepción de Marruecos como un vecino fiable con quien mantener relaciones mutuamente beneficiosas hacia la de enemigo o país hostil, penalizando en el proceso a quien mantenga relaciones bilaterales previas a la crisis.

LA PERSPECTIVA IBÉRICA - CÓMO TE AFECTA ESTE ASUNTO

El tratamiento mediático proporcionado a la crisis de Ceuta y el lenguaje prebélico y contencioso empleado para referirse a Marruecos podrían tener un impacto especialmente negativo en los siguientes ámbitos:

  • Comercio e inversión. El actual clima de tensión política a este lado del Estrecho puede provocar la suspensión de operaciones de inversión (pública o privada) en Marruecos o el cese temporal de intercambios comerciales como consecuencia de la presión mediática y de la incertidumbre sobre el estado de las relaciones bilaterales en los próximos meses.
  • Boicots. La percepción de Marruecos como un país con el que no deberían mantenerse relaciones comerciales puede conducir a la convocatoria de boicots a las empresas españolas que fabrican en Marruecos y/o distribuidoras de productos y servicios marroquíes, como en efecto ya comienza a identificarse en redes sociales.
  • Turismo. La negativa visión de Marruecos como país hostil puede afectar gravemente al turismo que visita el país, cuyo 23% son residentes españoles. Incluso en un escenario de eventual resolución temprana de la crisis en Ceuta, la infraestructura hotelera de capital español en Marruecos puede acusar una reducción considerable del número de visitantes recibidos desde España.
  • Mundial 2030. La organización conjunta del Mundial de fútbol ya ha sido puesta en cuestión por algunos políticos y medios españoles, por lo que la participación de cualquier entidad (federaciones, empresas constructoras, patrocinadores, etc.) en los preparativos llevados a cabo en Marruecos puede ser objeto de censura por parte de la opinión pública española. En efecto, podría esgrimirse fácilmente la contradicción entre la construcción de grandes estadios y la migración masiva de marroquíes en búsqueda de oportunidades.
  • Trabajadores y temporeros. Dada la negativa visión del migrante marroquí que trasladan los medios, el empresariado -especialmente el rural- puede verse presionado en su contratación de temporeros marroquíes. Ello puede implicar la suspensión de las redes habituales de contratación y obligar al establecimiento de nuevas redes en origen en países alternativos (como Mauritania y Argelia).

La recomendación sería adoptar una postura de cautela y discreción hasta que el tratamiento mediático disminuya con el comienzo del curso político en España y/o se adopten las correspondientes medidas políticas para resolver la grave crisis en Ceuta y reducir la preocupación de la ciudadanía. De prolongarse en el tiempo el impacto reputacional, cualquier movimiento de desinversión o interrupción de la actividad en Marruecos ha de ser valorado caso por caso, especialmente en relación con el nuevo destino, ante el riesgo de ser objeto de represalias en caso de pretender un eventual retorno posterior.