Mauritania

(República Islámica de Mauritania)

Mauritania
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Mauritania combina instituciones democráticas con una fuerte influencia militar. Aunque formalmente es una república presidencial, la gobernanza democrática sigue siendo frágil. Las elecciones de 2019 marcaron la primera transición pacífica en el poder, cuando Mohamed Ould Ghazouani sucedió a Mohamed Ould Abdel Aziz, abriendo el país al desarrollo y la estabilidad. Las divisiones étnicas, las afiliaciones tribales y los desafíos económicos también conforman su complejo escenario político.

Ficha país

Sistema político

Mauritania es una república islámica con un sistema político fuertemente presidencialista. El presidente es el jefe del Estado, ejerce el poder ejecutivo, preside el Consejo de Ministros y nombra al primer ministro y al Gobierno. La Constitución establece mandatos presidenciales de cinco años, renovables una sola vez. Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani fue reelegido en junio de 2024 con el 56,1 % de los votos, por lo que, salvo acontecimientos excepcionales, permanecerá en el cargo hasta 2029.

El país cuenta asimismo con una Asamblea Nacional elegida mediante sufragio. Aunque la Constitución establece formalmente una separación de poderes, en la práctica el poder continúa concentrado en la Presidencia, mientras que el Legislativo y el Judicial presentan una capacidad limitada para ejercer contrapesos efectivos sobre el Ejecutivo. El partido gubernamental El Insaf y sus aliados disponen además de una amplia mayoría parlamentaria, lo que refuerza esta concentración de poder.

Mauritania ha atravesado varios periodos de gobierno militar desde la independencia y el sistema político sigue estando condicionado por la influencia de una élite político-militar y empresarial. No obstante, desde la llegada de Ghazouani al poder en 2019 el país ha disfrutado de una mayor estabilidad institucional, con elecciones regulares y sin nuevos golpes de Estado exitosos. El principal riesgo político no parece ser, por tanto, un cambio inminente de régimen, sino la elevada concentración del poder y la limitada capacidad de las instituciones para actuar como contrapeso.

Principales actores políticos

Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani — presidente. Es el principal actor político del país y la figura central en la toma de decisiones estratégicas, especialmente en materia de seguridad, política exterior y grandes proyectos económicos. General retirado y antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, mantiene estrechos vínculos con el estamento militar que ha desempeñado un papel central en la política mauritana durante décadas. Su segundo mandato está marcado por el énfasis en la estabilidad política, el desarrollo económico, la cohesión social y la atracción de inversión extranjera.

El Moctar Ould Djay — primer ministro. Coordina la actividad cotidiana del Gobierno y desempeña un papel especialmente relevante en la ejecución de la política económica y administrativa. Su posición resulta particularmente importante para los inversores y empresas extranjeras que necesitan interactuar con las autoridades sectoriales y administrativas.

El estamento militar y de seguridad. Aunque Mauritania está formalmente gobernada mediante instituciones civiles, los altos mandos militares, tanto en activo como retirados, conservan una considerable influencia política. Esta dimensión informal resulta especialmente relevante en grandes proyectos de infraestructuras, minería, energía y seguridad, donde la estructura formal de decisión no siempre explica por completo cómo se adoptan las decisiones.

La oposición política. Las fuerzas opositoras conservan una presencia significativa, aunque su capacidad para desafiar al Gobierno es limitada. En las elecciones presidenciales de 2024, Biram Dah Abeid obtuvo el 22,1 % de los votos y Hamadi Ould Sid'El Moctar el 12,8 %, lo que evidencia la existencia de importantes bolsas de apoyo opositor, vinculadas en parte al descontento con el sistema político y a las desigualdades sociales y étnicas.

Marco jurídico

El sistema jurídico mauritano combina elementos del derecho civil de tradición francesa con el derecho islámico, dentro de un contexto en el que predomina la escuela jurídica malikí. El país dispone de códigos civiles y comerciales y de tribunales especializados, y la Constitución reconoce formalmente la independencia judicial. Sin embargo, la aplicación efectiva de estas garantías continúa siendo desigual.

Los procedimientos judiciales pueden ser lentos y su aplicación, especialmente en disputas comerciales complejas, resulta en ocasiones poco predecible. La capacidad institucional para hacer cumplir las resoluciones y garantizar una respuesta rápida a los inversores continúa siendo limitada.

En los últimos años, las autoridades han intentado modernizar el marco de inversión. En 2025 se aprobó un nuevo Código de Inversiones, destinado a reforzar la protección de los inversores, simplificar determinados procedimientos administrativos y facilitar la repatriación de beneficios y el recurso al arbitraje internacional. En paralelo, una nueva legislación sobre asociaciones público-privadas, aprobada en 2024, busca facilitar la participación privada en grandes proyectos de infraestructuras.

El principal riesgo jurídico no reside, por tanto, tanto en la inexistencia de normas como en la distancia entre el marco formal y su aplicación práctica. Las empresas pueden encontrarse con procedimientos administrativos complejos, solapamiento de competencias, un amplio margen de discrecionalidad de las autoridades y dificultades para obtener soluciones rápidas en caso de conflicto. La corrupción continúa siendo otro factor relevante, especialmente en contratación pública, licencias, acceso a terrenos, pesca y relaciones con la Administración.

Desde una perspectiva empresarial, Mauritania puede considerarse un mercado en el que el marco jurídico está evolucionando favorablemente, pero donde la previsibilidad regulatoria y la capacidad institucional siguen siendo factores de riesgo más importantes que la legislación formal.

Entorno económico

Mauritania posee una economía relativamente pequeña y muy concentrada. La minería, la pesca y, cada vez más, los hidrocarburos representan una parte sustancial de las exportaciones y de los ingresos públicos. El mineral de hierro continúa siendo especialmente importante, mientras que el oro y otros recursos mineros aportan ingresos adicionales. El país dispone además de un importante potencial agrícola y pesquero, aunque la diversificación económica sigue siendo limitada.

El crecimiento económico se moderó en 2025 después de varios años de expansión. El Banco Mundial estima un crecimiento del 4,2 % en 2025 y en torno al 4,4 % en 2026, mientras que el FMI proyecta un crecimiento algo superior, del 4,7 % para 2026. Aunque las previsiones difieren, ambas instituciones coinciden en señalar al sector extractivo y, especialmente, al gas natural como uno de los principales motores del crecimiento.

El inicio de la producción de gas ha mejorado las perspectivas fiscales y externas del país, al tiempo que los elevados precios del oro y el aumento de los ingresos extractivos han contribuido a reforzar las cuentas públicas. Sin embargo, la economía sigue siendo muy vulnerable a las fluctuaciones de los precios de las materias primas, la demanda externa y los ciclos de inversión.

A ello se añaden problemas estructurales como el déficit de infraestructuras, la escasez de mano de obra cualificada, la baja diversificación productiva y determinadas limitaciones institucionales que dificultan el desarrollo del sector privado.

Desde el punto de vista del riesgo político y económico, Mauritania presenta actualmente un entorno macroeconómico relativamente favorable, pero con una elevada exposición a shocks externos y a la evolución de las industrias extractivas. La cuestión clave a medio plazo será determinar hasta qué punto los ingresos procedentes del gas y la minería permiten diversificar la economía en lugar de profundizar su dependencia de las materias primas.

Relaciones España–Mauritania

Las relaciones entre España y Mauritania se han reforzado considerablemente en los últimos años y presentan una importancia cada vez más estratégica. Aunque la migración y la seguridad han constituido tradicionalmente los principales ejes de la relación bilateral, la cooperación se está ampliando hacia energía, infraestructuras, pesca, agricultura, comercio e inversión.

España considera a Mauritania un socio estratégico tanto bilateralmente como dentro de su política hacia el Sahel y el Magreb. Un hito importante fue la celebración en julio de 2025 de la primera Reunión de Alto Nivel España–Mauritania, presidida por Pedro Sánchez y Mohamed Ould Cheikh El Ghazouani. El encuentro reunió a una amplia representación ministerial y permitió impulsar distintos acuerdos destinados a ampliar la cooperación económica, energética y de seguridad.

La relación comercial sigue siendo relativamente limitada en términos absolutos, pero muestra una tendencia creciente. En 2024, las exportaciones españolas a Mauritania alcanzaron aproximadamente 220 millones de euros, mientras que las importaciones españolas procedentes de Mauritania se situaron en torno a 360 millones de euros. España es, además, un socio especialmente relevante para Mauritania dentro de la Unión Europea, mientras que las Islas Canarias desempeñan un papel destacado debido a su proximidad geográfica y a sus tradicionales vínculos comerciales con el país.

Para España, la relación también presenta una dimensión estratégica vinculada a la migración irregular. Mauritania se ha consolidado como uno de los principales países de tránsito de las rutas migratorias hacia Canarias, lo que ha convertido la cooperación con las autoridades mauritanas en uno de los elementos centrales de la política española hacia el país.

Energía

La energía se está convirtiendo en uno de los sectores estratégicos de mayor relevancia para Mauritania. El país ha comenzado a incorporarse al mercado internacional del gas natural licuado (GNL) a través del proyecto Grand Tortue Ahmeyim (GTA), situado frente a las costas de Mauritania y Senegal y operado por BP. El proyecto alcanzó el primer gas a finales de 2024 y comenzó a producir GNL en febrero de 2025.

La primera fase del proyecto tiene una capacidad prevista de aproximadamente 2,3 millones de toneladas de GNL anuales, lo que convierte a Mauritania en un nuevo productor de gas y aumenta su importancia dentro del mercado energético atlántico.

Paralelamente, el Gobierno pretende posicionar al país como un importante productor de hidrógeno verde y amoniaco verde, aprovechando unas condiciones excepcionalmente favorables de radiación solar y recursos eólicos. Proyectos de gran escala como AMAN y Nour contemplan enormes inversiones en generación renovable y producción de hidrógeno, con Europa como uno de los potenciales mercados de exportación.

El sector energético representa al mismo tiempo una gran oportunidad y una fuente de riesgo. La producción de gas puede generar importantes ingresos fiscales, exportaciones e inversión extranjera, mientras que el hidrógeno verde podría contribuir a diversificar la economía y situar a Mauritania dentro de las nuevas cadenas energéticas entre África y Europa.

Sin embargo, estos proyectos requieren inversiones multimillonarias, infraestructuras adecuadas y financiación internacional, por lo que son sensibles a retrasos, cambios en los precios de las materias primas, incertidumbre regulatoria y posibles modificaciones de la política energética europea.

Seguridad

Mauritania presenta un nivel de estabilidad considerablemente superior al de buena parte de sus vecinos del Sahel. El país ha evitado hasta ahora la expansión de la violencia yihadista que afecta a Mali, Burkina Faso o Níger, y la protección de las fronteras constituye una de las prioridades fundamentales del Gobierno de Ghazouani. Las fuerzas armadas y de seguridad mantienen además una estrecha cooperación con socios internacionales, entre ellos Estados europeos y Estados Unidos.

El principal riesgo de seguridad procede, por tanto, del deterioro del entorno regional más que de una insurgencia interna consolidada. La creciente inestabilidad de Mali está aumentando la presión sobre la frontera oriental de Mauritania, especialmente en la región de Hodh Chargui, donde se han producido importantes movimientos de población.

La llegada de refugiados malienses incrementa la presión sobre las comunidades locales, los servicios públicos y la capacidad de respuesta humanitaria. Al mismo tiempo, la creciente importancia de Mauritania como país de tránsito hacia las Islas Canarias añade una segunda dimensión de presión vinculada a la migración irregular y al control fronterizo.

Para las empresas extranjeras, las principales implicaciones operativas se concentran previsiblemente en las zonas fronterizas, los enclaves mineros y de infraestructuras alejados de los principales núcleos urbanos, las rutas migratorias y las áreas afectadas por la llegada de refugiados, más que en Nuakchot o en los principales centros económicos de la fachada atlántica.

En conjunto, Mauritania presenta actualmente un entorno de seguridad relativamente estable en comparación con el resto del Sahel, pero cada vez más expuesto al deterioro del contexto regional. La capacidad del Estado para mantener el control de sus fronteras e impedir que las dinámicas de conflicto de Mali se extiendan hacia el territorio mauritano será uno de los principales factores de riesgo a medio plazo.

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