Túnez

(República de Túnez)

Túnez
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Túnez es una nación con una rica historia y un variado patrimonio cultural, con un papel fundamental en la Primavera Árabe. Políticamente, es una república unitaria con un sistema multipartidista, aunque en los últimos años se han producido cambios significativos bajo el liderazgo del presidente Kais Saïed. Desde su elección en 2019, Saïed ha aplicado una serie de medidas destinadas a consolidar el poder ejecutivo, suscitando debates sobre el equilibrio entre democracia y gobernanza fuerte.

Ficha país

Sistema político

Túnez es una república con un sistema político fuertemente presidencialista, especialmente desde la adopción de la Constitución de 2022. El presidente concentra actualmente amplias competencias sobre el Ejecutivo y mantiene una posición dominante respecto al Gobierno, el Parlamento y las principales instituciones del Estado. Kais Saïed fue reelegido en octubre de 2024 con el 90,69 % de los votos, en unas elecciones caracterizadas por una participación muy reducida, del 28,8 %.

La transformación institucional se inició con la decisión de Saïed, en julio de 2021, de suspender el Parlamento y asumir poderes excepcionales. La Constitución de 2022 consolidó posteriormente buena parte de esta concentración de poder, otorgando al presidente competencias particularmente amplias en materia de Gobierno, seguridad, defensa y política exterior. El primer ministro conserva competencias sobre la Administración y la aplicación de la política general del Estado, pero en las cuestiones estratégicas el presidente mantiene la autoridad predominante.

El actual Parlamento tiene una capacidad política considerablemente menor que la Asamblea existente antes de 2021. La reforma electoral introdujo además candidaturas individuales en circunscripciones uninominales, reduciendo el peso de los partidos políticos en el proceso electoral. Las elecciones legislativas de 2022-2023 estuvieron marcadas por una participación excepcionalmente baja.

Desde una perspectiva de riesgo político, el elemento central es el elevado grado de personalización del poder. La estabilidad del régimen es actualmente considerable, pero existe una mayor incertidumbre respecto a la previsibilidad de las decisiones públicas, el funcionamiento de los contrapesos institucionales y la evolución de la relación entre el Gobierno y los sectores opositores y de la sociedad civil.

Principales actores políticos

Kais Saïed — presidente de la República. Es, con diferencia, el principal actor político del país. Jurista y antiguo profesor de Derecho Constitucional, llegó a la Presidencia en 2019 como candidato independiente y ha transformado profundamente el sistema político desde 2021. Su discurso combina soberanía nacional, lucha contra la corrupción, rechazo de las élites políticas tradicionales y defensa de un modelo político más directamente vinculado a la voluntad popular. Su posición dominante hace que la evolución de sus relaciones con las instituciones económicas y administrativas resulte especialmente relevante para los inversores.

Sarra Zaafrani Zenzri — jefa del Gobierno. Desde marzo de 2025 ocupa la jefatura del Gobierno. Su función principal es ejecutar las políticas públicas y coordinar la Administración, pero su margen de autonomía política frente a la Presidencia es limitado.

Las fuerzas de seguridad y el aparato administrativo. La Presidencia y los cuerpos de seguridad han adquirido una importancia creciente en la gestión de la vida política. La Administración pública sigue siendo uno de los principales centros de poder económico del país, especialmente en sectores regulados o en empresas públicas.

La oposición y la sociedad civil. Los principales partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil han perdido capacidad institucional durante los últimos años. Diversos dirigentes opositores, periodistas, abogados y activistas han sido detenidos o procesados, mientras que las organizaciones no gubernamentales afrontan una creciente presión administrativa y judicial.

Marco jurídico

Túnez dispone de un sistema jurídico de tradición continental basado en modelos franceses y caracterizado por una amplia codificación del Derecho civil y mercantil. En términos formales, existe un marco relativamente desarrollado para la actividad económica, la contratación y la inversión extranjera. La Ley de Inversiones de 2016 continúa constituyendo uno de los pilares del sistema, junto con las normas posteriores destinadas a mejorar el clima empresarial.

El principal problema desde la perspectiva del riesgo jurídico no es tanto la ausencia de legislación como la evolución del equilibrio institucional. La Constitución de 2022 reforzó el papel de la Presidencia y debilitó los contrapesos judiciales y parlamentarios. La disolución en 2022 del Consejo Superior de la Magistratura fue uno de los principales hitos de este proceso.

El Gobierno está revisando actualmente el marco de inversiones, con el objetivo declarado de simplificar procedimientos y mejorar el atractivo del país. En diciembre de 2025 se impulsó formalmente la revisión de la Ley de Inversiones de 2016.

Para los inversores, existen mecanismos legales de protección frente a la expropiación y una estructura contractual relativamente desarrollada. Sin embargo, el riesgo se concentra en la aplicación de las normas, la discrecionalidad administrativa, los procedimientos de autorización y la independencia efectiva de determinadas instituciones.

Existe además un componente político-regulatorio que conviene seguir especialmente de cerca: las autoridades han endurecido el control sobre ONG, medios de comunicación y determinados actores considerados vinculados a intereses extranjeros. Esta evolución no afecta directamente a todos los sectores empresariales, pero puede incrementar el riesgo reputacional y de cumplimiento para empresas que desarrollen actividades especialmente sensibles desde el punto de vista político o social.

Entorno económico

Túnez mantiene una economía relativamente diversificada para los estándares regionales, con una importante base industrial, sector turístico, agricultura, manufacturas orientadas a la exportación y servicios. Su proximidad a Europa y su integración comercial con la Unión Europea constituyen una de sus principales ventajas estructurales. La UE representa alrededor del 60 % del comercio exterior tunecino y concentra aproximadamente tres cuartas partes de las exportaciones del país.

Sin embargo, el país continúa enfrentando problemas estructurales importantes. El crecimiento sigue siendo relativamente bajo, el desempleo se mantiene en torno al 15 % y la deuda pública continúa siendo elevada, aunque ha mostrado cierta reducción. La inflación también se ha moderado respecto a los niveles registrados durante los últimos años.

El FMI prevé un crecimiento real del 2,1 % en 2026. El principal problema es que la economía necesita reformas estructurales para elevar el crecimiento y reducir sus vulnerabilidades fiscales, pero algunas de estas reformas —especialmente las relacionadas con empresas públicas, subsidios, empleo público y liberalización— presentan un elevado coste político y social.

Túnez ofrece, por tanto, un mercado con buenas capacidades industriales, proximidad a Europa y una mano de obra relativamente cualificada, pero con una situación macroeconómica frágil. Para el análisis de riesgo empresarial, la evolución de las finanzas públicas, la disponibilidad de divisas, la situación de las empresas estatales y la capacidad del Gobierno para ejecutar reformas serán variables especialmente importantes.

Relaciones España–Túnez

España y Túnez mantienen relaciones bilaterales estables y de creciente importancia económica y política. En 2025 ambos países conmemoraron el 30.º aniversario del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, al mismo tiempo que se celebró el 30.º aniversario del Acuerdo de Asociación entre Túnez y la Unión Europea. España considera a Túnez un socio relevante dentro de la política europea de Vecindad Sur.

La relación económica presenta un grado de integración considerable, aunque inferior al existente entre Túnez y algunos de sus principales socios europeos. Más de 40 empresas españolas operan actualmente en el país, especialmente en sectores como hostelería, agroindustria, cemento, construcción y textil.

Los sectores de interés para las empresas españolas incluyen además energía, agua, agroalimentación, turismo e infraestructuras. La Oficina Económica y Comercial española mantiene una presencia permanente en Túnez y continúa identificando oportunidades de negocio en estos ámbitos.

La migración constituye otra dimensión importante. Túnez es simultáneamente país de origen y plataforma de tránsito de migrantes hacia Europa, y su cooperación con la Unión Europea en materia migratoria se ha convertido en una cuestión políticamente sensible.

En conjunto, para España Túnez presenta un perfil de socio económico y mediterráneo de largo plazo, aunque la evolución política interna y el deterioro del Estado de derecho pueden convertirse en factores de fricción con algunos socios europeos.

Energía

Túnez presenta una vulnerabilidad energética considerable. La producción nacional de hidrocarburos se ha reducido progresivamente y el país depende cada vez más de las importaciones, especialmente de gas natural procedente de Argelia. A través de sus acuerdos energéticos con Argelia, Túnez recibe una parte sustancial del gas que consume y también obtiene ingresos vinculados al tránsito del gas argelino hacia Italia.

En 2025, aproximadamente el 58 % de las necesidades de gas natural de Túnez procedían de importaciones argelinas, mientras que el gas natural seguía representando una parte esencial de la generación eléctrica. La compañía estatal STEG controla alrededor del 92 % de la capacidad instalada y genera aproximadamente el 95 % de la electricidad del país.

Esta dependencia constituye una vulnerabilidad estratégica. El deterioro de la producción doméstica ha reducido la autonomía energética del país y ha contribuido a ampliar el déficit de la balanza energética. En 2025 dicho déficit alcanzó aproximadamente 11.000 millones de dinares y la tasa de independencia energética cayó hasta el 35 %.

Al mismo tiempo, Túnez posee un importante potencial para desarrollar energías renovables, especialmente solar y eólica. La interconexión eléctrica ELMED con Italia, apoyada por la Unión Europea y el Banco Europeo de Inversiones, pretende reforzar la seguridad energética, facilitar la integración de renovables y conectar los mercados eléctricos de ambas orillas del Mediterráneo.

La energía debe considerarse, por tanto, como un sector de oportunidad y simultáneamente un foco de vulnerabilidad macroeconómica. La dependencia de Argelia, el deterioro de la producción nacional y la situación financiera de STEG constituyen elementos de riesgo, mientras que las renovables y la conexión con Europa ofrecen oportunidades potenciales de inversión.

Seguridad

Túnez presenta un nivel de seguridad generalmente superior al de varios países vecinos de Libia y el Sahel, pero mantiene riesgos terroristas y fronterizos localizados. El principal foco de amenaza se concentra en las zonas montañosas del oeste, especialmente próximas a la frontera con Argelia, y en el área fronteriza con Libia.

Las autoridades mantienen una fuerte presencia de seguridad en estas regiones. Determinados gobiernos occidentales continúan recomendando evitar algunas zonas próximas a las fronteras argelina y libia y determinadas áreas montañosas debido a la presencia de grupos terroristas y a las operaciones de las fuerzas de seguridad.

La frontera con Libia constituye un riesgo adicional debido a la inestabilidad del país vecino y a la posibilidad de cierres fronterizos repentinos o de episodios de violencia transfronteriza. En paralelo, el terrorismo interno ha disminuido considerablemente respecto a los niveles posteriores a 2015, aunque persiste la posibilidad de ataques aislados.

Para las empresas, el riesgo de seguridad se concentra geográficamente y afecta especialmente a zonas fronterizas, infraestructuras energéticas, instalaciones alejadas de los principales centros urbanos y determinados espacios turísticos o de gran concentración de población.

El riesgo más importante para Túnez no parece ser, por tanto, una desestabilización violenta del Estado, sino la combinación de fragilidad socioeconómica, tensión política y deterioro institucional, que puede generar protestas, huelgas o episodios de conflictividad social. La capacidad del Gobierno para mantener la estabilidad mientras afronta las dificultades económicas será una de las principales variables a seguir durante los próximos años.

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